sábado, 22 de marzo de 2008

Lluvia

Vino a mí la calidez gélida del viento con aroma a lluvia, el alma íngrima atrapada en mi cuerpo que vuela despojada de la razón en medio de la hojarasca, elevándose del suelo húmedo, de mi materia. Y quedé allí, desposeída, esperando que viniera tu ausencia y me calara hasta los huesos, que vinieran tus palabras para mojar mis versos. Te esperé.

Vino a mí tu voz. Franca y expresiva... en uno de esos ensueños en que puedo sentirte como parte de la lluvia. Haciéndome estremecer al contacto de cada gota y cada segundo una nueva sensación. Alucino con tu piel cuando llueve y me pierdo en los susurros que exhala tu voz, prófuga del viento, hablándome de tus días... esos que pasas sin mi... y contándome las historias que estuve por escribir.

Vino a mí tu olor. Sobriamente sutil... sentí como se fundía con la atmósfera fragante y vi cómo describía espirales en el agua. Fuiste mi oxígeno en medio de la noche y sostuve el aliento para no dejarte ir, asfixiándome en tu ilusión, respirando del fantasma en que quise convertirte. Pulmones líquidos... y te escapas.

Vino a mí tu rostro. Distorsionado por la tormenta... reflejando mis lágrimas en el cristal del iris. Traslúcida tu faz, lo justo para permitir que me pierda en tu mirada, y ver desde dentro de ti cómo me consume esta locura, esta necesidad. Perfecto tu rostro, enmarcado por la silueta de mis manos, gritándome que es mentira, que te imagino, porque en realidad mis sentidos no te conocen; pero que me deje llevar ...y yo lo hago, sumergida en tus labios de niebla.

No hay comentarios: